"Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema."
Winston Churchill
Lamentablemente, nuestro país ha gestado un nutrido abanico de pelotudos fachos. Están los que adulan sin límites a los EE.UU., a sus gobernantes (cualquiera sea, el tiempo que hacen un verdadero esfuerzo para pronunciar en perfecto inglés su apellido) y a sus habitantes, a quienes llaman "los americanos", como si el resto de los que viven en América fueran asiáticos. Se dicen liberales, para justificar su enfermiza obsesión por el liberalismo económico, aunque siempre son poco afectos a otro tipo de liberalismo. También hay otro grupo de fachos: los que admiran los regímenes dictatoriales más sangrientos de la Historia y procuran trasladarlos aquí. Suelen hablar de la "patria" en términos excluyentes. Quienes no piensan como ellos son "apátridas" o no son patriotas como él. Son xenófobos y racistas como el que más. El autentico "ser nacional" pasa por una rara estirpe criolla a la que solo ellos pertenecen; y el resto integra categorías inferiores que ni siquiera merecen su consideración.
Se los encuentra, junto con otros como ellos, en pequeños partidos políticos con poquísima posibilidad electoral; en clubes sociales para gente como ellos e, incluso, en más de un cuartel, donde en otras épocas les daban la posibilidad de tener una atractiva salida laboral.
Les encanta opinar sobre las confabulaciones internacionales de los "dueños del poder", que han elegido a la Argentina como base de operaciones o "laboratorio de ensayo de un plan para adueñarse del mundo".
Admiradores de la Santa Inquisición y de los tiranos más violentos de la Historia, a veces parecen vivir en tiempos pasados, tratando de quedar congelados allí; eso se nota en sus hogares, decorados a la usanza colonial, y en el estilo de vida, acorde con dichas épocas. La democracia les da escozor, aunque la invocarán cuando necesiten hacer conocer sus delirantes puntos de vista; pertenencen a una de las faunas más dañinas que pueblan nuestro país y que ultimamente han ido mutando con el fin de conservar los lugares que perdieron. Ahora aparecen agazapados tras la excusa de la inseguridad, que les viene como anillo al dedo, con la que quieren ganar algún espacio que, de otra manera, no podrían conseguir jamás.
El pelotudo argentino
|Kostzer Mario
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